Rescatando de la memoria...
Últimamente, debería entrar en la consulta y abandonar ya la sala de espera. Me
han prescrito una dosis abundante de sustancias prohibidas para combatir la estricta dieta
de cariño...
Pero estas no surten efecto si todo me sabe como el primer trago de cerveza. Las
manecillas se ralentizan cuando decido salir de este laberinto de espejos, en los que ya
no se reflejan ni el eco de las voces, pero me persigue aquel de un solo ojo, ladrón de
sueños que habita en mi cabeza. Alguien ha borrado el letrero de salida con el manto
opaco de la indiferencia.
Hagamos una hoguera para espantar el loco frío que se ha instalado en el
reino de mis órganos. Mis sentidos se han puesto de acuerdo para nombrar
a la tristeza miembro vitalicio del gobierno de esta locura.
El destino me juega bromas pesadas. Ni el metal más poderoso
soporta la carga de tantos caínes, de tantas palabras afiladas que
se clavan en las ranuras vacías de mi alma.
Y aún no sé dónde descargar esta gris mercancía si me
encuentro en discordia con mi almohada. En el cielo de
mi boca ya no despunta el sol; y la felicidad, que se
marchó de vacaciones, ha perdido el billete de regreso.
Mis labios lloran desconsolados por la falta de uso
y mis ojos, inundados,
se van de romería
a pedir
nueva etapa de sequía...
Intentaré ahogarme en mil y una copas
hasta que me revienten las entrañas.
Las balas del recuerdo aún no
se han desprendido de la piel.
1 comentario:
Como Rimbaud, una vez, en mi juventud, probé el trago amargo de la belleza prohibida, y después la senté en mis rodillas..., y la injurié. Y desperté, cómo no, en la resaca de un mar de dudas. Lacerada el alma del esófago, reseca la elocuencia apasionada de mis labios, marchita la semilla infecunda de mi necesidad, allí donde debería habitar el corazón. En el purgatorio de la soledad, creo que únicamente buscaba una respuesta...
Hallé respuestas equivocadas, réplicas desatinadas, caminos desencontrados...
Hoy sólo busco preguntas. El barco de papel errático de mis deseos naufraga entre los versos de Shakespeare, junto a la rosa apagada y marchita de una tarde imaginaria...
Sigo navegando en un mar de dudas, pero ahora, al menos, guardo en un viejo libro esos retazos de la memoria, y cuando abro las páginas y los veo allí, reposando, al menos soy consciente de que he vivido...
La melancolía y la nostalgia forman nuestra mayor conciencia de vida..., y eso es mejor que estar muerto.
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