No sé ni siquiera qué quiero contar, pero sé que quiero contar algo.
No sé ni siquiera qué quiero hacer, pero sé que quiero hacer algo.
No sé ni siquiera qué quiero que ocurra, pero sé que quiero que ocurra algo.
No sé ni siquiera quién leerá estas pobres palabras, pero sé que quiero que alguien las lea.
No sé ni siquiera a quién me estoy dirigiendo, pero sé que quiero dirigirme a alguien.
No sé ni siquiera si llegaré a publicar esta chorrada, pero sé que quiero publicarla.
No sé ni siquiera qué sucede en este enjambre de ideas arrugadas, pero sé que algo sucede.
No sé ni siquiera qué siento ahora mismo mientras mis yemas se posan sobre estas teclas,
pero sé que la humedad en mi mejilla no la estoy soñando.
No sé...
30.3.08
27.3.08
En lo más profundo de la memoria
Y hubo alguien que rompió la cadena, pero nadie encontró al culpable y así se sucedían los días:
unos recriminando a otros, otros gestando envidias hacia los unos y entre todos, edificando un abismo cada
vez más grande e irreconciliable. Según un proverbio (chino?), está en la esencia de todo ser despedirse de
lo que le ha rodeado y seguir hacia delante, pero no creo que sea tan fácil engañar a la memoria de esa forma; esa que, en sueños o en plenas facultades cognitivas, te sorprende con el recuerdo de una persona, de
una situación ya vivida o de una situación que nunca se produjo, pero siempre se deseó. Y así se avanza, arrastrando recuerdos, intentando atesorarlos como si en ello se nos fuera la vida...pero el disco duro no es
demasiado espacioso y hay que dejar paso a las nuevas generaciones de momentos vividos, de rostros y voces. No me llevo demasiado bien con mi memoria, a veces me atormenta y me chincha, intentando castigarme por algo, aunque no sepa qué he hecho mal. A veces, me gustaría desprenderme de ella, cuando se pone en ese rol de conciencia madraza y me aconseja sobre lo que está bien y lo qu eno. Pero claro, hoy en día cualquier ser o elemento que actúe de esta manera se declara enemigo número 1 del status quo del mundo. Por eso, a veces observo a mi alrededor: reyes, políticos, banqueras, ministros y ministras, administrativas, productores, lectores, actrices, enfermeros, artistas, telespectadores, padres, madres, hijos, estanqueras, radioyentes, amigos, dependientes, profesores...y me da la sensación de que quizá todos deberíamos medicarnos con Aricept (es un fármaco para paliar, en cierto modo, los efectos del Alzheimer), ¿o no?
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