27.3.08

En lo más profundo de la memoria



Y hubo alguien que rompió la cadena, pero nadie encontró al culpable y así se sucedían los días:

unos recriminando a otros, otros gestando envidias hacia los unos y entre todos, edificando un abismo cada

vez más grande e irreconciliable. Según un proverbio (chino?), está en la esencia de todo ser despedirse de

lo que le ha rodeado y seguir hacia delante, pero no creo que sea tan fácil engañar a la memoria de esa forma; esa que, en sueños o en plenas facultades cognitivas, te sorprende con el recuerdo de una persona, de

una situación ya vivida o de una situación que nunca se produjo, pero siempre se deseó. Y así se avanza, arrastrando recuerdos, intentando atesorarlos como si en ello se nos fuera la vida...pero el disco duro no es

demasiado espacioso y hay que dejar paso a las nuevas generaciones de momentos vividos, de rostros y voces. No me llevo demasiado bien con mi memoria, a veces me atormenta y me chincha, intentando castigarme por algo, aunque no sepa qué he hecho mal. A veces, me gustaría desprenderme de ella, cuando se pone en ese rol de conciencia madraza y me aconseja sobre lo que está bien y lo qu eno. Pero claro, hoy en día cualquier ser o elemento que actúe de esta manera se declara enemigo número 1 del status quo del mundo. Por eso, a veces observo a mi alrededor: reyes, políticos, banqueras, ministros y ministras, administrativas, productores, lectores, actrices, enfermeros, artistas, telespectadores, padres, madres, hijos, estanqueras, radioyentes, amigos, dependientes, profesores...y me da la sensación de que quizá todos deberíamos medicarnos con Aricept (es un fármaco para paliar, en cierto modo, los efectos del Alzheimer), ¿o no?

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