30.3.08

Qué sé yo...

No sé ni siquiera qué quiero contar, pero sé que quiero contar algo.
No sé ni siquiera qué quiero hacer, pero sé que quiero hacer algo.
No sé ni siquiera qué quiero que ocurra, pero sé que quiero que ocurra algo.
No sé ni siquiera quién leerá estas pobres palabras, pero sé que quiero que alguien las lea.
No sé ni siquiera a quién me estoy dirigiendo, pero sé que quiero dirigirme a alguien.
No sé ni siquiera si llegaré a publicar esta chorrada, pero sé que quiero publicarla.
No sé ni siquiera qué sucede en este enjambre de ideas arrugadas, pero sé que algo sucede.
No sé ni siquiera qué siento ahora mismo mientras mis yemas se posan sobre estas teclas,
pero sé que la humedad en mi mejilla no la estoy soñando.
No sé...

1 comentario:

Wolfstein dijo...

Aprendí de los guerreros blancos que no existe mayor certeza que una sensación; sea cual sea su naturaleza, su origen, su intencion, su significado..., es imposible negar su existencia. Aún en la incertidumbre y en la ignorancia. Quizá, como los héroes de Borges, nos veamos empujados a aceptar un destino que no sabemos racionalizar ni justificar, porque en el fondo de nuestras almas, en los anales de nuestra génesis, somos únicamente animales. O dioses inconscientes de un pasado remoto..., y hemos perdido el norte de nuestro propio corazón y sus dictados, pero no la percepción de sus latidos.
Con el tiempo, me acostumbré a convivir con esas sensaciones abstrusas e inextricables. Puedo decir con certeza que sentí, con todas mis fuerzas, sin saber qué, sin saber por qué..., o también pude haberlo soñado...
Así pues, aprendí del alba y su despertar que no existe mayor certeza que un sueño.
O pude haberlo vivido...
¿Me sigues? No te pierdas, el círculo es eterno...